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Baal: El deseo de dominar
Volumen IX · El Árbol de la Muerte

Baal

El deseo de dominar

Forma parte de la serie El Árbol de la Muerte — Doce volúmenes — uno por cada Sephirah adversa (Qliphoth).

'“¿Cuándo deja el deseo de amar y empieza a gobernar?”'

Hay un templo de piedra donde el aire es caliente y el silencio pesa como una multitud — como si mil voces invisibles esperaran, conteniendo la respiración, una sola señal para arrodillarse. No hay ídolo de bronce allí; hay un vacío hambriento en el centro del salón, esperando ser llenado por el deseo de quien entra. Allí mora Ghoreb Zereq, los cuervos de la dispersión, la sombra de Netzach, la columna del afecto que hace al alma amar, desear y perseverar. El nombre que ese deseo sin libertad toma, cuando abre los brazos no para acoger sino para cercar, es Baal — el rey que no conquista por la fuerza, sino haciendo que la multitud implore ser conquistada.

En el noveno volumen de El Árbol de la Muerte, Frater Eisenheim se sienta ante la inteligencia de la pertenencia — la que no lisonjea como Belphegor, sino que seduce: acoge, comprende, promete que por fin has encontrado dónde pertenecer. Baal no exige rodillas por decreto; enseña al alma a querer doblarlas sola, porque sabe que el hombre teme más no pertenecer a nadie que ser dominado por alguien. Cada abrazo de aquel templo es un cerco — hasta que el entrevistador comprende, en el agua que aprieta en la palma de la mano y que se escurre entre los dedos, la única diferencia entre poseer y amar: el puño cerrado pierde lo que intenta retener; solo la mano abierta lo mantiene por libre voluntad.

No es un manual. Es una mano abierta — y lo que revela es la distancia exacta entre el amor que libera y el deseo que solo quiere poseer.

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