← Magia Olímpica
Phaleg: La Espada de la Voluntad
Volumen III · Magia Olímpica

Phaleg

La Espada de la Voluntad

Forma parte de la serie Magia Olímpica — Siete volúmenes — uno para cada Espíritu Olímpico (los siete planetas de los antiguos).

¿Cuándo la fuerza y el coraje dejan de proteger la vida y el hombre pasa a servirse de ellos para dominar y vencer, tomando la fuerza por Fuente?

No se descansa en esta morada: en ella se está de pie. Hay una fortaleza de piedra roja levantada bajo el astro rojo de Marte, murallas ásperas donde el viento silba entre lanzas clavadas y escudos suspendidos, y un brasero que arde en el patio sin consumirse — no para calentar, sino para recordar que toda fuerza es dada para guardar, no para arder por sí. Allí vela el tercero de los siete gobernadores que el Arbatel dice puestos por Dios sobre los planetas — Marte, guardián de la fuerza, del coraje, de la disciplina y del combate. El nombre que esa inteligencia toma, cuando consiente en hablar, es Phaleg.

En el tercer volumen de Magia Olímpica, Eisenheim se sienta ante él y no le pide nada — ni victoria, ni venganza, ni poder para vencer. A lo largo de diez temas y de una tarde entera, Phaleg revela la fuerza luminosa que le fue confiada — el vigor que protege la vida, el coraje que enfrenta el mal, la disciplina que forja el carácter, la firmeza que sostiene al justo — y advierte, siempre del lado de la luz, sobre la sombra humana que la falsifica: la guerra librada por dentro contra sí mismo, la ira tomada por combustible, la disciplina que aplasta en vez de levantar, la violencia que se justifica, el coraje vuelto temeridad y la espada que se alza para dominar en lugar de defender. Cada tema cierra con una Nota de discernimiento, en voz del autor, que separa la fuerza verdadera de la furia que la imita.

No hay aquí rito, sello, fórmula ni evocación — y no es ficción: es una escucha puesta en forma de diálogo, una contemplación, no una operación. Phaleg no es cortejado ni constreñido; fue Dios quien concedió la entrada, y el propio espíritu rechaza la rodilla y apunta lejos de sí, porque toda fuerza pertenece a Quien la da. Lo que el libro desenmascara no es el mensajero celeste, sino lo que los hombres hacen de la fuerza cuando la toman por mérito propio y por Fuente.

Tercer volumen de Magia Olímpica — Entrevistas con los Siete Espíritus del Firmamento. Después del cimiento de Saturno y de la expansión de Júpiter viene la fuerza de Marte — porque de nada sirve construir y crecer si no hay vigor para guardar lo que se levantó, y ningún coraje es seguro en un alma que aún no fue asentada ni probada.

La misma fuerza puede proteger o aplastar, defender o conquistar — y lo que las separa es la mano en que el hombre pone la espada: la suya, y ella hiere; la de Dios, y ella guarda.

Suscríbete para leer Ver la serie completa

Lectura protegida por suscripción. Formato digital (e-book).